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Son artesanales, concentran siglos de historia y ofrecen un sabor irresistible: los dulces mexicanos típicos narran una historia compartida entre dos continentes. En las cocadas, ates y alegrías, en el pan de muertos y el jamoncillo de leche, y en otros tantos dulces del país tricolor confluyen ingredientes europeos y prehispánicos que subrayan —una vez más— su mestizaje culinario.

La confitería mexicana no tiene nada que envidiar a la del resto del mundo. Su variedad de texturas, el choque entre lo dulce y lo picante o la presencia de sabores autóctonos (chocolate, piloncillo, semillas de amaranto) configuran su ADN. Si te sorprendieron los helados mexicanos, los siguientes dulces de la nación azteca tampoco te dejarán indiferente.

¿Cuáles son los dulces mexicanos más típicos y sabrosos?

Alegrías

Las alegrías son barritas elaboradas con miel o piloncillo y semillas de amaranto, un alimento central en la dieta mesoamericana que los indígenas llamaban huautli y apreciaban por su poder nutritivo.

Las alegrías como dulce mexicano atesoran una historia singular. Por su trascendencia en ritos paganos, los conquistadores españoles prohibieron el cultivo de amaranto, veto que no prosperó, por fortuna para la supervivencia de esta receta, bautizada como «alegría» por fray Martín de Valencia: el franciscano descubrió al prender unas ramas de amaranto que las semillas saltaban al tostarse, como «brincando de alegría».

Pan de muertos

Los festejos del Día de Muertos transforman no sólo las calles del país latinoamericano, sino también su gastronomía con multitud de caprichos dulces (calaverita de azúcar, chacualole, etc.), entre los que destaca el pan de muertos. Se trata de un pan dulce formulado con leche, huevo, harina de trigo, mantequilla, levadura y aromatizantes naturales, tales como el anís o el agua de azahar.

Este manjar, enraizado en los sacrificios y rituales funerarios de época prehispánica, sigue entregándose como ofrenda en los altares de los familiares difuntos. Su simbolismo se hace evidente en las tiras laterales llamadas «huesitos», la bola superior que representa una calavera o la vinculación popular del azahar con el olor de los muertos.

Cocadas

Otro dulce tradicional de México es la cocada, una delicia de coco rallado, piloncillo, leche y yema de huevo, similar en muchos sentidos a su versión ibérica, aunque más suave y cremosa. Se consume en toda la nación y, como anécdota, la cocada más grande del mundo (220 metros) se elaboró en Tecolutla con motivo del Festival del Coco de 2009.

Ate

La palabra ‘ate’ es uno de los mexicanismos gastronómicos que más curiosidad despiertan entre los paladares extranjeros. Alude a una pasta de azúcar y frutas cocidas (guayaba, membrillo, pera, tejocote, etc.) que se consume en todo el país y cuyo principal productor es Michoacán.

En Chihuahua, Guanajuato, Baja California y otros estados se preparan variantes con dátiles o boniatos y puede recibir otros nombres (p. ej., guayabate de panela). Según el portal Larousse Cocina, «es originario del Medio Oriente y fue traído a México por los españoles, quienes a su vez lo conocieron de los árabes».

Muéganos

El muégano es una golosina compuesta por fragmentos de harina de trigo unidos con jarabe de piloncillo. De influencias árabes, este dulce mexicano artesanal comparte su patria de origen con los estados de Tlaxcala y de Puebla. La expresión «familias muégano» se ha asentado en el habla coloquial para referirse a grupos de personas emparentadas que pasan gran cantidad de tiempo juntas y que están, por tanto, tan cohesionadas como esta delicia confitera.

Jamoncillo

El DLE recoge el término ‘jamoncillo’ como un «dulce de pepitas de calabaza molidas o machacadas». Surgido en los conventos durante el periodo colonial, este bocado cautiva por su textura suave y pastosa y un gusto intenso a azúcar caramelizado, realzado por saborizantes naturales como la vainilla y la canela. Dulces típicos de México como este ayudan a entender por qué la gastronomía mexicana es Patrimonio de la Humanidad.

Palanquetas

Las palanquetas presentan la forma de una barrita energética y son igual de nutritivas. Se componen de cacahuetes tostados y compactados con jarabe de piloncillo. Elaborado por los pueblos originarios, este snack precolombino perfeccionó su fórmula tras el paso de los europeos, incorporando mantequilla y otros ingredientes.

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